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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Excmo. Sr. Obispo Don Francisco Clavel Gil, Vicario Episcopal de la V Zona Pastoral de la Arquidiócesis Prima de México, en el Tercer Día del Dozavario, en la Basílica de Guadalupe.


Santa María de Guadalupe, Madre del Resucitado
3 de diciembre de 2011

Desde el primero de diciembre hemos comenzado un dozavario de preparación para conmemorar las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe abordando diversas catequesis que nos llevan a apreciar su presencia, experimentar su amor y profundizar su mensaje.

En este día tomaremos las palabras de la Virgen María dichas a Juan Diego en  su diálogo de presentación: “Yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra”.

Por la fe afirmamos que Jesucristo fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen, fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer día resucitó de entre los muertos. Santa María de Guadalupe es, entonces, Madre de Jesucristo Resucitado, porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Al encontrarse con Juan Diego, la Virgen María pide una casita en la que mostrará a su Hijo, lo enaltecerá poniéndolo de manifiesto; es decir, nos lo hará conocer con más propiedad, obteniéndonos del Espíritu Santo el poder comprender sus criterios, su mensaje y su modo de vivir mientras estuvo con nosotros y nos hará a conocer también sus acciones y palabras en el corto tiempo después de su resurrección y antes de subir al Padre.

Jesucristo, después de su resurrección, muestra una delicada calidad humana de padre y una preocupación de pastor, para con sus discípulos y para todos aquellos que en el futuro creeríamos en Él.  Al aparecerse a la Magdalena le da el consuelo que tiene el vacío de su alma: Mujer, ¿Por qué lloras a quien buscas?  Y conocida la causa de su pena la llama por su nombre María.  A sus discípulos cansados y desalentados después de una noche de peste infructuosa los espera en la playa con un fuego encendido, un pescado sobre él, pan y una invitación alegre: vengan a comer.

En el mismo día de la resurrección manifiesta por sus discípulos una preocupación llena de compasión. De madrugada, por medio de las mujeres, les envía un mensaje de su resurrección. A media tarde camina con dos de ellos que se dirigen a Emaús, les explica las Escrituras, se sienta con ellos a la mesa y parte el pan.

En la noche misma de su resurrección, se hace presente entre ellos y les da la paz: La paz esté con ustedes.  Y a los ocho días, Tomas recibe una prueba fehaciente de la resurrección, Jesús le dice: acerca aquí tu dedo y mira mis manos, a lo que Tomas con fe responde: Señor mío y Dios mío.

En relación a la comunidad en los que creerán en Él, envía a sus discípulos a predicar la Buena Nueva como Él había sido enviado por el Padre; les da pastores que con amor cuiden de ellos. Muy al inicio le dice a Pedro: Simón, ¿me amas más que estos?  Apacienta mis ovejas. Y además asegura su presencia para siempre: Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Este es el Jesucristo resucitado lleno de delicadeza y de preocupación amorosa y de padre. Es el Hijo de la Virgen María de Guadalupe a quien Ella quiere mostrarnos y darnos a todos nosotros los habitantes de estas tierras, como a sus hijos los más pequeños; porque Ella es nuestra Madre compasiva, porque estamos bajo su sombra y amparo, porque estamos en el hueco de su manto, en el cruce de sus brazos, como Ella misma nos lo dice.

Agradezcamos a la Virgen María de Guadalupe su presencia en medio de nosotros, que nos ha traído en su seno a su Hijo Jesucristo y que nos lo sigue dando a conocer para que lo amemos y lo imitemos.

Confiados en sus palabras: ahí (en su casita sagrada) escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias y sus dolores, pidámosle especialmente en este día que nos dé la paz y la unidad para nuestra patria tan urgida de Dios, tan urgida del respeto de la vida, de la justicia y del amor de entre los hermanos.

Y pidamos también por las necesidades, alegrías, ilusiones de estos hermanos nuestros que hoy han venido a peregrinar y a honrar a nuestra Señora la Virgen María, recordando las mismas palabras que le dirigió a Juan Diego y que ahora recibimos como nuestras, porque Ella nos dice que es nuestra Madre Compasiva, porque Ella  (y ustedes siéntanse así) nos cubre bajo su sombra y amparo, porque a todos (y especialmente hoy a ustedes) manifiesta que están en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos

Confiemos todos en la protección de nuestra Señora, la Virgen de Guadalupe, y sintámosla como Madre de Dios, como Madre de Jesucristo resucitado y Madre nuestra que estará siempre al cuidado de cada uno de nosotros.

Que así sea.
 
 
 
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