Desde el primero de diciembre
hemos comenzado un dozavario de preparación para conmemorar las
apariciones de nuestra Señora de Guadalupe abordando diversas
catequesis que nos llevan a apreciar su presencia, experimentar
su amor y profundizar su mensaje.
En este día tomaremos las palabras
de la Virgen María dichas a Juan Diego en su diálogo de presentación:
“Yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdadero
Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño del
cielo, el Dueño de la tierra”.
Por la fe afirmamos que Jesucristo
fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de
Santa María Virgen, fue crucificado, muerto y sepultado y al tercer
día resucitó de entre los muertos. Santa María de Guadalupe es,
entonces, Madre de Jesucristo Resucitado, porque Jesucristo es
el mismo ayer, hoy y siempre.
Al encontrarse con Juan Diego,
la Virgen María pide una casita en la que mostrará a su Hijo,
lo enaltecerá poniéndolo de manifiesto; es decir, nos lo hará
conocer con más propiedad, obteniéndonos del Espíritu Santo el
poder comprender sus criterios, su mensaje y su modo de vivir
mientras estuvo con nosotros y nos hará a conocer también sus
acciones y palabras en el corto tiempo después de su resurrección
y antes de subir al Padre.
Jesucristo, después de su resurrección,
muestra una delicada calidad humana de padre y una preocupación
de pastor, para con sus discípulos y para todos aquellos que en
el futuro creeríamos en Él. Al aparecerse a la Magdalena le da
el consuelo que tiene el vacío de su alma: Mujer, ¿Por qué
lloras a quien buscas? Y conocida la causa de su pena la
llama por su nombre María. A sus discípulos cansados y
desalentados después de una noche de peste infructuosa los espera
en la playa con un fuego encendido, un pescado sobre él, pan y
una invitación alegre: vengan a comer.
En el mismo día de la resurrección
manifiesta por sus discípulos una preocupación llena de compasión.
De madrugada, por medio de las mujeres, les envía un mensaje de
su resurrección. A media tarde camina con dos de ellos que se
dirigen a Emaús, les explica las Escrituras, se sienta con ellos
a la mesa y parte el pan.
En la noche misma de su resurrección,
se hace presente entre ellos y les da la paz: La paz esté con
ustedes. Y a los ocho días, Tomas recibe una prueba fehaciente
de la resurrección, Jesús le dice: acerca aquí tu dedo y mira
mis manos, a lo que Tomas con fe responde: Señor mío y
Dios mío.
En relación a la comunidad
en los que creerán en Él, envía a sus discípulos a predicar la
Buena Nueva como Él había sido enviado por el Padre; les da pastores
que con amor cuiden de ellos. Muy al inicio le dice a Pedro: Simón,
¿me amas más que estos? Apacienta mis ovejas. Y además asegura
su presencia para siempre: Yo estaré con ustedes todos los
días hasta el fin del mundo.
Este es el Jesucristo resucitado
lleno de delicadeza y de preocupación amorosa y de padre. Es el
Hijo de la Virgen María de Guadalupe a quien Ella quiere mostrarnos
y darnos a todos nosotros los habitantes de estas tierras, como
a sus hijos los más pequeños; porque Ella es nuestra Madre compasiva,
porque estamos bajo su sombra y amparo, porque estamos en el hueco
de su manto, en el cruce de sus brazos, como Ella misma nos lo
dice.
Agradezcamos a la Virgen María
de Guadalupe su presencia en medio de nosotros, que nos ha traído
en su seno a su Hijo Jesucristo y que nos lo sigue dando a conocer
para que lo amemos y lo imitemos.
Confiados en sus palabras:
ahí (en su casita sagrada) escucharé su llanto, su tristeza,
para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias
y sus dolores, pidámosle especialmente en este día que nos
dé la paz y la unidad para nuestra patria tan urgida de Dios,
tan urgida del respeto de la vida, de la justicia y del amor de
entre los hermanos.
Y pidamos también por las necesidades,
alegrías, ilusiones de estos hermanos nuestros que hoy han venido
a peregrinar y a honrar a nuestra Señora la Virgen María, recordando
las mismas palabras que le dirigió a Juan Diego y que ahora recibimos
como nuestras, porque Ella nos dice que es nuestra Madre Compasiva,
porque Ella (y ustedes siéntanse así) nos cubre bajo su sombra
y amparo, porque a todos (y especialmente hoy a ustedes) manifiesta
que están en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos
Confiemos todos en la protección
de nuestra Señora, la Virgen de Guadalupe, y sintámosla como Madre
de Dios, como Madre de Jesucristo resucitado y Madre nuestra que
estará siempre al cuidado de cada uno de nosotros.
Que así sea.